El artículo describe varios casos de futbolistas que han intentado forzar un traspaso a otro equipo utilizando métodos poco convencionales. Romario se negó a volver al Barça después del Mundial de 1994, alegando que necesitaba vacaciones y sentía nostalgia por la playa de Brasil. Diego Costa, Dembélé y Bale también utilizaron la táctica de no presentarse a los entrenamientos para presionar a sus clubes. Makelele llegó a apedrear su coche y poner una denuncia falsa para dejar el Celta y unirse al Real Madrid. William Gallas amenazó con marcar un gol en propia puerta si no se le permitía dejar el Chelsea. Faustino Asprilla alegó que el frío en Italia era un motivo para dejar el Parma. Tévez aseguró que no entendía el idioma inglés y que la comida británica no le gustaba, mientras que Hulk explicó que quería irse al fútbol chino para que sus hijos aprendieran chino. Dimitri Payet fue rotundo al afirmar que se autolesionaría si no se le permitía dejar el West Ham. El artículo también menciona a Juan Cruz, que quiere pedir un permiso de paternidad en el Leganés, y a otros jugadores como Lookman e Isak, que han estado involucrados en disputas con sus clubes. El artículo destaca que los futbolistas están dispuestos a hacer cualquier cosa para lograr su objetivo de cambiar de equipo.