Un matrimonio de jubilados franceses viajó a España con su coche eléctrico MG4 y se encontró con un problema al cargar en una terminal de Shell en un aparcamiento de Madrid. La primera factura fue de 71,77 euros por 18,88 kWh, pero días después llegó una segunda factura por 1.124 euros. El desglose mostraba una carga de 10 kWh y una tarifa de conexión de 925,40 euros. A pesar de intentar contactar con Shell, no recibieron respuesta ni devolución de las cantidades cobradas indebidamente.