Alexander Chusov, natural del Óblast de Moscú, ha cultivado una calabaza de 969 kilos, destrozando el récord en el país. La pregunta no es cómo logró esto, sino por qué lo hizo. La respuesta es que es un trabajo científico, con selección de semillas, invernadero especial y calibración de necesidades nutricionales. Esto se relaciona con concursos de hortalizas gigantes, populares en el mundo anglosajón y crecientes en todo el mundo. La calabaza de Chusov no es la más grande de Europa, ya que en 2024, Mario Vangeel cultivó una de 1.152 kilogramos. Estas variedades gigantes no se cultivan por su sabor, sino por su tamaño, y tienen un alto contenido en agua. En el concurso de calabazas de Sidamon, en Lleida, se puede ver este fin de semana. Detrás de este circo, hay una lección importante sobre la capacidad de la naturaleza para cambiar de formas y colores.