Leticia Sabater, una presentadora infantil de los años 90, ha logrado reunir a más de 10.000 personas en un concierto en Biota, un pequeño municipio aragonés. Su público es principalmente la generación Z, que la considera una antiheroína pop debido a su autenticidad y falta de filtros. Ofreció 24 conciertos en Aragón en el verano de 2024, con un caché de 2.500 euros por bolo de seis canciones. Su presencia se ha vuelto casi obligatoria en las fiestas populares, donde lo surrealista ha desplazado al repertorio tradicional. La noche del 20 de agosto, reunió a 1.000 personas en Calomarde, un municipio de la sierra de Albarracín con apenas 74 habitantes censados. Leticia ha sabido mutar de presentadora infantil a diva queer accidental, de estrella televisiva a producto de culto digital, sin dejar de ser ella misma: brutalmente libre, voluntariamente vulgar y, paradójicamente, más cercana que nunca. Su discografía reciente incluye títulos como 'Trínchame el pavo', que no busca agradar sino provocar. Un ejemplo de su autenticidad es su respuesta a la influencer Lalachus, que superó los 4 millones de visualizaciones en días.