Fernando Tejero recuerda su infancia marcada por la ausencia y el dolor. Con apenas nueve meses, fue entregado a su tía abuela tras una operación de su madre y permaneció con ella hasta los 14 años. Esta separación temprana le dejó una herida emocional que aún reconoce. Tejero sufrió burlas y agresiones por su orientación sexual, lo que lo llevó a esconderse y a crecer con una autoestima frágil. En una entrevista, confiesa que durante años quiso ser heterosexual para evitar el rechazo. Al trasladarse a Madrid y comenzar sus estudios de arte dramático, Tejero empezó a aceptarse. A día de hoy, afronta esos recuerdos sin edulcorarlos, consciente de cómo marcaron su carácter. Aunque admite que todavía arrastra miedos, también valora haber encontrado un espacio de autenticidad. Su relato refleja tanto el sufrimiento de aquellos años como la resiliencia que lo ha acompañado hasta su presente. Tejero ha relatado estos episodios en una entrevista concedida a El País, destacando la importancia de aceptarse a uno mismo.