Un hombre de 75 años, Jiang, se divorció después de enamorarse de un avatar creado por un algoritmo de inteligencia artificial. Jiang interactuó con el avatar en redes sociales y se sintió valorado y escuchado. Su mujer se quejaba de su obsesión con el móvil, pero él aseguraba que con su novia digital todo era más fácil. Fueron sus hijos quienes le explicaron cómo funcionan los programas de IA y le hicieron ver que aquellas palabras no provenían de una mujer, sino de un software. Jiang acabó reconociendo el engaño y aceptando que esa persona nunca había existido. Las autoridades chinas han pedido a las familias que vigilen de cerca el uso que las personas mayores hacen de las redes sociales y de las aplicaciones basadas en IA. Expertos advierten que la soledad y el realismo con que las inteligencias artificiales simulan conversaciones están favoreciendo vínculos emocionales con máquinas.