En 2006, el fotógrafo Albert Watson tuvo la oportunidad de retratar a Steve Jobs para una revista. La sesión se desarrolló en la antigua sede de Apple de Infinite Loop, en Cupertino, y Watson solo tuvo 30 minutos efectivos frente al cofundador. La intención era obtener una imagen impactante en un plazo muy corto, consciente de que Jobs no era alguien que se prestara a posar por mucho rato. La concentración fue total y Jobs apenas hizo pausas. El resultado fue una imagen que ha sido reproducida en innumerables medios y contextos, mostrando a Steve Jobs serio, con la barbilla apoyada en la mano, mirando fijamente al objetivo. La sencillez del retrato transmite una fuerza silenciosa que ha calado hondo en la cultura popular. Jobs salió de la sala después de decirle a Watson que se trataba del mejor retrato que le habían hecho nunca. Años después, Albert Watson recibió una llamada desde California preguntándole si aún conservaba esa fotografía, que acabó enviando. El 5 de octubre de 2011, Steve Jobs falleció y la compañía que ayudó a fundar colocó ese mismo retrato en la web de la Apple Store online para rendir homenaje a Jobs.