Los emojis funcionan como unidades expresivas que transmiten emociones o responden con gestos visuales. Según investigaciones del neurocientífico Neil Cohn, los emojis no siguen un orden fijo ni reglas de sintaxis elaboradas. Los algoritmos inteligentes, como CleverType y DeepMoji, aprenden cómo usamos los emojis y pueden detectar el contexto de la aplicación y adaptar sus sugerencias. Herramientas como EmojiNet y emoji2vec ayudan a las máquinas a interpretar mejor el sentido de cada emoji. El lingüista Vyvyan Evans argumenta que los emojis cumplen funciones tipo lenguaje y podrían evolucionar hacia algo parecido a una gramática formal. Los algoritmos modernos tratan los emojis como vocabulario con contexto, aprendiendo patrones y matices sin esperar que sigan reglas estructuradas como un lenguaje tradicional. Los modelos de lenguaje como DeepMoji han superado a humanos en tareas como detectar sarcasmo en tweets, aprendiendo matices de sentimiento gracias a la estadística y al contexto. Se ha aplicado aprendizaje federado en teclados móviles para predecir qué emoji usarás, preservando tu privacidad y mejorando la capacidad de anticipar tus elecciones de emoji según lo que escribes.