Jaguar Land Rover detuvo operaciones en sus fábricas británicas y en Eslovaquia debido a un ataque informático. La producción se detuvo el 31 de agosto y se espera que el restablecimiento de los sistemas requiera más tiempo del previsto, con un nuevo horizonte para el 1 de octubre. El ataque ha afectado a los sistemas de la empresa y se han difundido mensajes atribuidos a Lapsus$, ShinyHunters y Scattered Spider. La interrupción podría extenderse durante varios meses, lo que dejaría en el aire cuándo volverán a encenderse las cadenas de producción. Cada jornada sin producción supone cerca de siete millones de dólares en ventas no realizadas. La compañía ha optado por seguir pagando a sus trabajadores a pesar de que las plantas permanecen cerradas. El resultado es una factura que crece día a día, incluso antes de evaluar los daños técnicos del ataque. La crisis se transmite a los talleres y proveedores que abastecen a Jaguar Land Rover, afectando a unas 100.000 personas. La empresa no llegó a cerrar a tiempo una póliza para cubrir pérdidas y costes derivados de un ataque informático. El Gobierno británico se ha visto arrastrado a la crisis y baraja un plan inusual para adquirir piezas de proveedores y sostener su tesorería.