Intel, el fabricante de chips más icónico del mundo, ha vendido el 10% de su empresa al gobierno de Estados Unidos por 8.900 millones de dólares. La operación confirma que Intel ya no puede sobrevivir sin ayuda estatal. La empresa vale 108.000 millones de dólares, mientras que NVIDIA, su antigua subordinada, alcanza los 4,3 billones. Intel llevaba meses esperando los fondos prometidos bajo el CHIPS Act, que nunca llegaron. La empresa necesitaba desesperadamente el dinero, ya que su división de fundición perdió 13.400 millones de dólares el año pasado y ha despedido a entre 8.000 y 10.900 trabajadores. La operación marca un punto de inflexión en tres frentes críticos: para Intel, significa perder autonomía empresarial; para Estados Unidos, representa el regreso del capitalismo de estado en tecnología; y para Europa, es especialmente preocupante, ya que la Unión Europea depende parcialmente de Intel para sus ambiciones de soberanía tecnológica en semiconductores.