Airbus prometió un avión sin emisiones en 2020, con la meta de lograrlo para 2035. La propuesta era ambiciosa, con tres conceptos de aviones propulsados por hidrógeno: un turbofán para 200 pasajeros y 3.704 kilómetros de alcance, un modelo de ala mixta turbofán también para 200 pasajeros y 3.704 de autonomía, y un turbohélice para 100 pasajeros y 1.852 kilómetros de alcance. Invirtieron 1.700 millones de dólares en el proyecto, pero las cosas se empezaron a torcer debido a dificultades con la obtención de hidrógeno verde. El CEO de la compañía dudaba de que se pudiera producir suficiente hidrógeno verde para hacer que los vuelos comerciales con aviones de hidrógeno fueran rentables. La compañía recortó en una cuarta parte el presupuesto destinado a la investigación del avión de hidrógeno verde y reasignó personal a otros departamentos. Aunque Airbus haya dado este frenazo en su estrategia, suponiendo un retraso de un lustro, hay otras empresas que tenían una hoja de ruta similar, como ZeroAvia, que sigue comprometida con el vuelo propulsado por hidrógeno y que tiene varios modelos programados en su hoja de ruta, con aviones de 200 plazas para 2040.