El gobierno de Estados Unidos, bajo la Administración Trump, está considerando adquirir una parte de Intel, el gigante estadounidense de los semiconductores. Esto se produce después de una reunión entre el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, y el presidente Trump, quien había pedido la dimisión del CEO debido a inversiones en empresas tecnológicas chinas vinculadas al ejército. Intel ha experimentado un aumento en el valor de sus acciones de un 7,38% tras los informes. La medida forma parte de la política industrial estadounidense, orientada hacia el capitalismo de Estado, y serviría de apoyo a los planes de Intel para reactivar su planta de fabricación de semiconductores en Ohio, con un costo estimado de más de 20.000 millones de dólares. La adquisición permitiría fortalecer la manufactura nacional de chips y evitar la caída de Intel como fundición, lo que implicaría dejar a manos de fundiciones extranjeras la fabricación de chips para uso militar, generando preocupaciones de seguridad nacional. Intel ha reafirmado su apoyo a la agenda tecnológica del gobierno estadounidense, y la inyección de capital permitiría acelerar proyectos estratégicos y mejorar la percepción de clientes y socios en EE.UU. y Europa. Sin embargo, también podrían surgir interferencias políticas en las decisiones corporativas y conflictos con clientes internacionales. En 2020, Intel estaba valorada en unos 288.000 millones de dólares, pero ahora su valor es cercano a los 105.000 millones de dólares.