El 14 de octubre terminó el soporte para Windows 10, lo que deja a millones de ordenadores sin actualizaciones de seguridad. Esto no solo supone un riesgo para la seguridad, sino también un problema medioambiental, ya que se estima que podrían generarse 800 millones de toneladas de desperdicios electrónicos. La organización de consumidores PIRG advierte que nunca se ha dejado a una cantidad de equipos tan grande sin soporte de una sola vez. Microsoft ofrece una solución parcial, permitiendo a los usuarios pagar 30 euros para seguir recibiendo actualizaciones de seguridad, o actualizar a Windows 11, aunque muchos ordenadores no cumplen con los requisitos técnicos. El fin del soporte también plantea un problema de seguridad, ya que millones de usuarios de Windows 10 quedan vulnerables a ataques como el ransomware Wannacry. La Unión Europea ya ha implementado el derecho a reparar, que busca reducir la cantidad de desperdicios electrónicos. En total, se estima que 400 millones de ordenadores están instalados con Windows 10, lo que supone un 43% de la cuota de mercado.