Estados Unidos ha decidido revocar la exención que permitía a TSMC importar equipos estadounidenses a su fábrica de Nanjing, China. La decisión se debe a la nueva orden ejecutiva firmada por Trump, que busca limitar el acceso de China a la tecnología más avanzada. La planta de Nanjing representa solo un 3% de los ingresos de TSMC, pero el impacto político y simbólico es enorme. La compañía ya invierte cerca de 100.000 millones de dólares en nuevas plantas fuera de Taiwán. La decisión de EE.UU. marca un punto de inflexión en la estrategia estadounidense, que busca poner bajo su paraguas regulatorio a los gigantes extranjeros. Las acciones de TSMC retrocedieron entre un 1% y un 2,3% tras conocerse la noticia. El gobierno estadounidense combina esta ofensiva con su propia estrategia industrial, que incluye subvenciones millonarias para atraer fábricas al país y aranceles al hardware. El objetivo es asegurarse de que el suministro de chips de última generación no llegue a Pekín. La presión sobre China es cada vez más asfixiante, y su industria no termina de despegar. La fecha límite para que TSMC deje de importar equipos estadounidenses es el 31 de diciembre de 2025.