Las baterías de flujo orgánicas son una alternativa prometedora a las baterías de litio, funcionando con energía líquida y sin necesidad de litio. Estas baterías utilizan moléculas orgánicas que se pueden extraer de materiales cotidianos como la lignina de los residuos de papel o compuestos derivados de la biomasa. Los investigadores de Harvard han desarrollado una molécula llamada «Matusalén» que puede realizar decenas de miles de ciclos de carga y descarga durante años. Según estudios del CIC energiGUNE en España, estos sistemas podrían alcanzar un coste de 0,05€/kWh/ciclo para 2030, lo que es considerablemente más barato que las baterías de litio actuales. Las baterías de flujo orgánicas prometen una vida útil de hasta 25 años y son completamente reciclables. La empresa alemana JenaBatteries ya ha desarrollado una batería de flujo redox libre de metales que utiliza sales orgánicas renovables. Los expertos prevén que estas baterías se usarán pronto en edificios residenciales, comerciales e industriales para capturar energías renovables, y que podrían superar los 1,2 V de voltaje de celda en las próximas generaciones.