La arquitectura digital ética propone crear aplicaciones que desaparezcan de forma limpia cuando su propósito se cumple. Una app ética debería facilitar que la elimines, darte control real sobre tus datos y revisar qué recopila. El diseño digital necesita una mirada ética, no solo funcional o bonita, sino que afecta al usuario y qué implica desde un punto de vista moral. El artículo 17 del RGPD en Europa respalda el derecho a ser olvidado. Las apps deberían ser como un asistente educado, aparecer cuando lo necesitas y retirarse cuando ya no. Esto respeta tu tiempo, memoria y privacidad. La transparencia que empodera al usuario es clave, permitiéndole revisar y cerrar permisos fácilmente. La arquitectura digital ética busca reeducar el ecosistema hacia una tecnología más humana.