Francisco Sánchez, un jubilado de Sevilla, ha asumido la vigilancia de las calles del centro histórico para combatir a los carteristas, principalmente de origen magrebí, que actúan contra turistas y vecinos. Asegura que los delincuentes ya le temen y que ha llegado a lanzar a uno de ellos al río. Francisco colabora con la policía y ha llevado denuncias a los tribunales, pero afirma que los delincuentes no acuden a los juicios. La situación refleja la creciente frustración ciudadana ante la percepción de impunidad de los delitos menores. Francisco no tiene miedo a los delincuentes y se muestra contundente en su lucha contra ellos.