Montserrat Blanco, de 54 años, madre de dos hijas, trabaja en el sector de la limpieza desde hace 25 años y es voluntaria de CaixaBank desde 2020. Recibió el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) a los 52 años, lo que le ayudó a comprenderse mejor y a reafirmarse en su deseo de ayudar a los demás. Comparte su experiencia con naturalidad, visibilizando la diversidad como motor de cambio. Su hija Victoria, también diagnosticada con TEA, comparte jornadas de voluntariado con ella. Montserrat asegura que el diagnóstico fue una especie de 'pegatina liberadora' que le permitió dejar de fingir y ser ella misma. Ha pasado por muchos sectores laborales, pero el esfuerzo por enmascarar su autismo ha sido agotador. El voluntariado le conecta con su lado más humano y le permite aportar su granito de arena en la distribución de alimentos. Animó a otras personas con discapacidad a implicarse en el voluntariado, destacando que hay un voluntariado para cada persona.