Las obras para soterrar la entrada a Madrid por la A-5 han generado un trazado repleto de curvas cerradas, desniveles y muros de hormigón, lo que ha multiplicado los atascos y convertido el asfalto en una trampa mortal. Un accidente mortal reciente y vecinos hartos han llevado al Ayuntamiento a estudiar la eliminación de algunas curvas para reducir riesgos. La velocidad máxima se ha limitado a 20 km/h en algunas zonas. Las obras han afectado la vida cotidiana de los barrios colindantes, con cortes de luz, agua e Internet sin previo aviso, ruido constante de excavadoras y el paso incesante de camiones. El proyecto ha dejado un 'circuito' urbano en plena entrada a la capital, con atascos, accidentes y malestar vecinal. El Ayuntamiento debe recuperar la confianza de los ciudadanos. La solución fue un laberinto de desvíos con curvas en S, estrechamiento de carriles y salidas insertadas en medio de giros bruscos. La señalización es insuficiente, con carteles pequeños y sin avisos previos. El trazado puede variar de una semana a otra, lo que sorprende a conductores poco habituales.