Mississippi, el estado más pobre de Estados Unidos, ha logrado mejorar significativamente los resultados en lectura de sus estudiantes sin aumentar el gasto en educación. La clave ha sido la implementación de la Literacy-Based Promotion Act en 2013, que incluyó la asignación de 'entrenadores de lectura' en escuelas con malos resultados, evaluaciones universales para detectar dificultades lectoras y la repetición obligatoria del tercer grado de primaria para estudiantes que no alcanzaran el nivel mínimo de lectura. Estas medidas tuvieron un coste de solo 15 millones de dólares al año, lo que representa el 0,2% del presupuesto estatal. Los resultados han sido impresionantes, con los alumnos afroamericanos de Mississippi ocupando el tercer lugar a nivel nacional y los estudiantes de ingresos bajos superando a sus pares en cualquier otro estado. La mejora se debe en parte a la amenaza de repetición obligatoria del tercer grado, que indujo un cambio en la actitud de padres, maestros y directores de centros. En contraste, otros estados han implementado políticas superficiales que no han generado mejoras significativas. El caso de Mississippi demuestra que los cambios educativos eficaces no requieren más dinero, sino decisiones valientes y un enfoque en transformar lo que ocurre dentro del aula.