El terremoto de magnitud 6.0 que sacudió el este de Afganistán el 31 de agosto causó más de 2.200 muertos y 3.700 heridos. Las mujeres y niñas fueron las principales víctimas debido al sistema de 'apartheid de género' impuesto por el régimen talibán. Las casas de adobe sin refuerzos sísmicos se convirtieron en 'trampas mortales'. La prohibición de que las mujeres sean tratadas por médicos varones y la escasez de personal sanitario femenino dificultó el acceso a la atención médica. Un funcionario de un hospital provincial reportó que había más de 50 hombres hospitalizados frente a solo 12 mujeres. La disparidad se explica por barreras culturales y religiosas profundamente arraigadas en las zonas rurales de Afganistán. El terremoto golpeó a una nación donde casi 23 millones de personas ya necesitaban ayuda humanitaria. La catástrofe se vio agravada por la llegada de casi dos millones de retornados de Irán y Pakistán en 2025. La falta de atención materna se ha convertido en una amenaza mortal para las más de 11.600 mujeres embarazadas en la zona.