Una piscina pública en Porrentruy, Suiza, había estado al borde del cierre debido a problemas de violencia y disturbios frecuentes causados principalmente por jóvenes recién llegados al país. Tras restringir el acceso a personas extranjeras, se ha producido un aumento notable en la venta de abonos de temporada. El concejal de turismo y ocio, Lionel Maître, declaró que 'todo ha salido genial' y que los ciudadanos han redescubierto el balneario con tranquilidad. La medida ha sido tachada de discriminatoria, pero el alcalde Philippe Eggertswyler argumentó que se trata de priorizar el bienestar de los residentes locales. La piscina había visto una gran afluencia de personas y era imprescindible asegurar que los habitantes del pueblo pudieran aprovechar la infraestructura. La restricción ha llevado a una reducción casi total de la necesidad de personal de seguridad en la piscina. El veto podría ser levantado dependiendo del comportamiento de los usuarios y la evolución de los acontecimientos.