La frontera entre Estados Unidos y México es considerada la ruta migratoria terrestre más peligrosa del mundo, con más de 3.200 kilómetros de extensión. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha destacado la peligrosidad de esta frontera, donde se encuentran desiertos abrasadores, barreras físicas, vigilancia tecnológica y patrullas fronterizas. El cruce del Río Grande es especialmente mortal, con fuertes corrientes que han cobrado innumerables vidas. La NASA ha realizado pruebas en el desierto de Sonora, y la Nación Tohono O’odham habita en esta región. La economía de la zona depende en un 90% de los cruces a pie, con más de 800 negocios afectados por las demoras en la garita de San Ysidro. Se han descubierto numerosos túneles ilegales que conectan ambos lados de la frontera, con un aumento del 80% desde 2008. La frontera es un símbolo de la lucha por una vida mejor y la tensión entre políticas migratorias restrictivas y derechos humanos.