Josep Solsona fue detenido el 8 de marzo de 2024 por denuncias de maltrato físico y abuso sexual, que resultaron ser falsas. Las denuncias fueron archivadas en febrero, pero no antes de que Solsona sufriera una gran presión social y profesional. Fue suspendido de militancia en su partido, Junts, y se le impidió regresar a su trabajo como profesor. El artículo critica la falta de justicia y la violencia institucional que sufrió Solsona, quien finalmente se suicidó. El autor argumenta que la sociedad y las instituciones deben tomar medidas para prevenir la violencia judicial y la violencia mediática, y para proteger a las personas que son víctimas de denuncias falsas. El caso de Solsona es un ejemplo de cómo la presunción de inocencia no siempre se respeta, y de cómo la opinión pública puede ser manipulada por información falsa o incompleta. El artículo también critica la falta de condenas sociales y penales para quienes hacen denuncias falsas y para quienes contribuyen a la violencia judicial y mediática.