Incluso las personas más corruptas tienen una coartada moral que les permite mantener la coherencia entre sus palabras y acciones. El cerebro humano necesita encontrar un equilibrio entre los principios que se defienden y los actos que se realizan. Nadie se reconoce a sí mismo como una mala persona, un egoísta o un ladrón, incluso aquellos que realmente lo son. Esto se debe a que el cerebro humano funciona de manera que necesita mantener la coherencia y encontrar un equilibrio entre las palabras y los hechos. No hay datos numéricos, precios, fechas, entidades como nombres de personas, empresas, lugares relevantes en el contenido.