Un hombre de 38 años, Jiao, se hizo pasar por mujer durante años para seducir a cientos de hombres, grabar encuentros sexuales sin consentimiento y vender el contenido en Internet. Utilizaba pelucas, maquillaje y filtros digitales para crear una identidad femenina convincente en aplicaciones de citas como WeChat, QQ y Momo. Los hombres eran citados en su apartamento y grabados en secreto mediante cámaras ocultas durante el acto sexual. Jiao vendía el material íntimo a terceros por alrededor de 150 yuanes (21 dólares) por el acceso a cada vídeo. Se habla de más de 1.600 víctimas, aunque las autoridades han reducido esa cifra a menos de 250 casos comprobados. Jiao se enfrenta a cargos preliminares por difusión de material obsceno, violación de la privacidad y distribución de contenido pornográfico. El caso ha expuesto la vulnerabilidad tecnológica y legal que permite que estas prácticas prosperen en China. En 2018, Corea del Sur tuvo que lidiar con una 'epidemia de cámaras espía' que grababan a más de 1.600 personas en secreto en habitaciones de moteles, baños públicos y otros espacios privados.