En Alcalá de Henares, un equipo de expertos conocido como el 'CSI canino' se encarga de recoger muestras de cacas de perro abandonadas en la calle y analizar su ADN para identificar a los dueños de las mascotas. El objetivo es hacer cumplir la ordenanza municipal que obliga a los dueños de perros a recoger las cacas de sus mascotas. El proceso implica tomar muestras de saliva de los perros en consultas veterinarias y registrarlos en un censo genético. Luego, cuando se encuentra una caca abandonada, se toma una muestra y se compara con la base de datos para identificar al dueño. Si se encuentra un match, el dueño puede enfrentar una multa de entre 300 y 3.000 euros. Desde que se implementó la medida, se han tramitado 221 muestras y 75 expedientes sancionadores. El padrón municipal canino mediante ADN cuenta con 9.500 perros registrados. Otros municipios como Mislata, Málaga y Cornellà también han implementado medidas similares para mantener limpias sus calles.