Un estudio en Nueva Zelanda revela que la simplicidad voluntaria, que implica reducir el consumo de forma consciente para centrarse en lo esencial, eleva el bienestar, especialmente cuando se combina con vínculos sólidos. La investigación, que encuestó a 1.643 personas, encontró que la conexión con los demás pesa más que la simple reducción de posesiones. La dimensión de beneficencia, que implica compartir conocimientos, trabajo o frutos del propio esfuerzo con la comunidad, fue el factor con mayor relación directa con el bienestar. El estudio sugiere que priorizar la acción comunitaria sobre la simple acumulación de menos bienes es clave para experimentar los beneficios de la simplicidad voluntaria. La investigación también encontró que las mujeres que practicaban simplicidad voluntaria experimentaban beneficios más claros que los hombres, y que la edad no modificó de forma significativa la relación entre este estilo de vida y el bienestar.