El caso Alcàsser, un crimen que ocurrió hace más de treinta años, ha dado un giro inesperado con la confesión de Miguel Ricart en un canal de YouTube. El criminólogo Félix Ríos se personó en la causa y pidió nuevas pruebas forenses con tecnología actual, lo que la jueza admitió en su mayor parte. Se plantearon nueve diligencias, incluyendo el reanálisis de cabellos y la inspección de vehículos. La Guardia Civil detectó una reacción compatible con sangre en el asiento trasero del Opel Corsa de Miguel Ricart, lo que encaja con su declaración de que Antonio Anglés golpeó a una de las chicas con la culata de una pistola. Aunque el ADN encontrado no se puede cotejar con las víctimas, la existencia de la mancha abre un nuevo frente. Quedan por llegar seis o siete informes más, y la pregunta sigue siendo si hubo más autores implicados. El caso Alcàsser sigue vivo en los tribunales y en la conciencia colectiva, y todavía guarda secretos que la ciencia está dispuesta a destapar. Félix Ríos lamenta que en treinta años no hubiera habido un solo avance forense, pero ahora se han rescatado indicios que parecían enterrados en el olvido.