Begoña Gómez se encuentra en una situación complicada, rodeada de legajos y expedientes que huelen a tinta fría. En su duermevela, aparece Franz Kafka, quien la conduce al interior de un tribunal sin puertas, donde no hay jueces, sino espejos que reflejan diferentes cargos en su contra. El juez Peinado camina por este laberinto, firmando providencias y citaciones que se convierten en pasillos y túneles. La UCO ha desenterrado grabaciones de Koldo García, la mano derecha de Ábalos, que retumban en la madrugada, mencionando conversaciones con Begoña y alusiones al empresario Juan Carlos Barrabés. La realidad se convierte en grabadora oculta, perforando el sueño de la protagonista. Hay más de diez terabytes de murmullos, 65 millones de páginas de voces y silencios, una biblioteca de babel judicial que nadie podrá leer jamás sin perder la cordura. Begoña ya no sabe si duerme o despierta, compartiendo el lecho con Kafka y abriendo los ojos para encontrar al juez Peinado, dispuesto a convertir cada sueño en sumario. La fecha del 11 de septiembre es mencionada como el día en que Begoña y su asesora, Cristina Álvarez, deben declarar.