Sophie, de 45 años, planeó una escapada de fin de semana con su madre a la isla de Terschelling en los Países Bajos, con un costo de 1.600 euros. La idea era sorprender a su madre con un viaje después de la muerte de su padre. Sin embargo, todo salió mal desde el principio. La madre se negó a montar en bicicleta, se quejó de la habitación, la cama y el viento. El viaje terminó en decepción absoluta. La madre finalmente agradeció el viaje, pero reveló que no tenía necesidad de salir de vacaciones y que lo que la hace feliz es jugar al rummikub en su casa. Sophie aprendió que a veces la escapada que uno sueña es la pesadilla del otro.