En Japón, la luz de avance en los semáforos se describe como azul, a diferencia del resto del mundo donde se considera verde. Esto se debe a la herencia lingüística del japonés antiguo, que solo tenía cuatro palabras básicas para designar colores: rojo, blanco, negro y azul. El término 'ao' servía para nombrar un espectro más amplio de tonalidades que incluyía lo que consideramos verde y cian. En 1960, Japón adoptó oficialmente el término 'ao shingō' para referirse a la luz de avance, lo que generó un conflicto con los estándares internacionales. En 1973, el gobierno decidió que las luces debían ser de un verde con un matiz azulado para conciliar la costumbre y las exigencias externas. Hoy en día, aunque los semáforos japoneses son en la práctica verdes, siguen siendo llamados azules por millones de personas. La persistencia de 'ao' no se limita a los semáforos, sino que también se aplica a expresiones comunes como 'aoringo' para designar la manzana verde. La lengua japonesa ha impuesto su propia convención cultural sobre la percepción visual, lo que ha generado una identidad nacional única.