Venecia descansa sobre un sistema subterráneo de millones de pilotes de madera, conocido como 'bosque invertido', que han sostenido la ciudad durante más de 1.600 años. Los pilotes, de entre menos de un metro y tres metros y medio de longitud, se clavaron verticalmente hasta penetrar la capa de barro y alcanzar el nivel más firme posible. La durabilidad de los pilotes se debe a la interacción entre la madera, el agua y el barro, que limita la actividad de bacterias y hongos. La escala del sistema es impresionante, con solo el puente de Rialto descansando sobre 14.000 pilotes y la Basílica de San Marcos contando con 10.000 pilotes de roble. La obtención de madera de calidad motivó a la República de Venecia a desarrollar políticas de gestión forestal. Sin embargo, el sistema no es inquebrantable y enfrenta amenazas como el incremento del nivel del mar y la erosión.