Un pez luna de 80 centímetros de largo y casi 30 kilogramos de peso que vivía en el acuario Kaikyokan en Shimonoseki (Japón) comenzó a mostrar un comportamiento extraño después de que el acuario cerrara para hacer reformas. El pez dejó de comer medusas y comenzó a frotarse contra el tanque. Los cuidadores descartaron la posibilidad de parásitos o problemas digestivos y sugirieron que el problema podía ser la soledad. Se inventó un remedio: se colocaron maniquíes de cartón vestidos con uniformes y fotos de gente en las cabezas simulando a los humanos frente a los cristales. El pez se sintió mejor inmediatamente y notó mejoría al día siguiente, moviendo sus aletas y comiendo mejor.