La morgue de París organizaba jornadas de puertas abiertas, permitiendo a miles de visitantes diarios ver los cadáveres expuestos. En el siglo XIX, esta práctica se convirtió en un espectáculo morboso, con hasta 40.000 personas acudiendo diariamente. Los cadáveres se exhibían en mesas casi verticales, detrás de amplias ventanas, y la gente podía verlos para ayudar a identificar a los desconocidos. Sin embargo, el morbo se apoderó de la población y se convirtió en un entretenimiento. La morgue se cerró al público en 1907 debido a las críticas por el incremento del morbo. El dramaturgo Léon Gozlan describió la escena como 'ver a los ahogados igual que vas a otros sitios a ver la última moda'. Emile Zola también escribió sobre la morgue, destacando que era un espectáculo al alcance de todos los bolsillos. Un ejemplo notable fue el caso de una mujer descuartizada, cuyo cuerpo reconstruido se exhibió en la morgue, atrayendo a más de 30.000 visitantes en solo cuatro días.