En 2008, Islandia sufrió una crisis económica que afectó a Akureyri, una ciudad de 20.000 habitantes. Para levantar el ánimo, las autoridades municipales decidieron cambiar los semáforos de 'alto' por corazones luminosos. Esta acción simbólica se convirtió en un emblema de la ciudad y en un reclamo turístico. La ciudad ofrece una experiencia completa con su naturaleza, creatividad urbana y calidez humana. Akureyri presume de una intensa agenda artística y una vida nocturna vibrante.