Un tribunal de Austria ha condenado a Wolfgang Knoll a pagar 30.000 euros por el croar de las ranas de su estanque, considerado como contaminación acústica. El tribunal argumentó que las ranas habían proliferado de forma explosiva, alterando el equilibrio acústico nocturno de forma intolerable. El propietario del estanque, Wolfgang Knoll, deberá indemnizar a su vecino con 30.000 euros y cubrir los costes judiciales. La sentencia ha reabierto el debate sobre la convivencia entre vida silvestre y normativa urbana. En 2023, un ganadero de Siero fue multado con 300 euros por el mugido de su vaca, pero finalmente el Ayuntamiento archivó la denuncia. En Francia, una vecina denunció a los dueños de un gallo llamado Ricco por ruido excesivo, pero el tribunal desestimó la demanda y condenó a la denunciante a pagar 3.500 euros por daños morales. La especie de rana en cuestión es especialmente ruidosa, ya que los machos deben atraer a las hembras desde una larga distancia.