La vigésima edición de Gran Hermano ha encontrado su primer gran escándalo. Un concursante, Raúl Martínez, ha confesado que en su adolescencia mataba ovejas con petardos y disparaba con una pistola de balines a las farolas del pueblo. Esto ha provocado una ola de indignación en las redes sociales, con miles de usuarios de X (antes Twitter) exigiendo su expulsión disciplinaria inmediata. La productora y Mediaset están siendo criticadas por permitir que alguien con este historial participe en el programa. La dirección del programa está estudiando posibles medidas, incluyendo una sanción o la expulsión del participante. El episodio ha abierto un debate sobre los límites de la televisión y el papel del público en su fiscalización. Gran Hermano 20 se enfrenta a su mayor crisis reputacional.