Isabel Preysler comienza su libro de memorias con su relación con Junie Kalaw, un filipino 15 años mayor que ella, con quien tuvo su primera experiencia sexual a los 18 años. La relación preocupó a sus padres, Carlos Preysler Pérez de Tagle y Beatriz Arrastia Reinares, quienes decidieron enviarla a Madrid en 1969 para alejarla de Kalaw. A pesar de la distancia, Kalaw intentó mantener el contacto con Isabel, incluso años después, cuando se enteró de que estaba enfermo de cáncer. En 1996, Kalaw reapareció en la vida de Isabel y se reencontraron en Nueva York, donde comenzó su tratamiento contra el cáncer. Isabel recuerda que Kalaw murió el 1 de noviembre, después de una desgarradora conversación telefónica. La relación con Kalaw marcó el resto de la biografía de Isabel Preysler.