Un Kia Sportage híbrido enchufable, con un motor 1.6 turbo de 160 CV y un sistema eléctrico que elevaba su potencia combinada hasta 230 caballos, ha terminado en un desguace después de solo 27.000 kilómetros recorridos. El problema es que la pantalla central del salpicadero, que cuesta más de 13.000 euros en el concesionario oficial, es demasiado cara para reparar. El desguace ofrece la misma pantalla por 3.022 euros, lo que sigue siendo un precio prohibitivo. Esto ha llevado a que el coche, que originalmente costó 45.000 euros, termine en el desguace debido a que arreglarlo no compensa.