El marketing sensorial ha evolucionado hacia el Marketing Sensorial 2.0, que busca crear ecosistemas sensoriales integrados. El tacto juega un papel clave en la percepción de calidad, ya que el peso y la textura de un objeto pueden influir en la percepción de su valor y calidad. Un ejemplo es que un envase más pesado puede hacer que un producto se perciba como más nutritivo o lujoso. La propiocepción, la capacidad de percibir la posición y movimiento del cuerpo en el espacio, también influye en la percepción de los objetos. El marketing háptico se utiliza en el punto de venta para crear una experiencia sensorial placentera. Las marcas están apostando por materiales sostenibles y diseños que generen bienestar. El Online Sensory Marketing Index (OSMI) es un modelo que evalúa la calidad de la experiencia sensorial en entornos digitales. Los detalles sutiles, como la textura de los utensilios o el envase, pueden cambiar nuestra percepción del sabor o la frescura de un alimento.