Al final del verano, es importante reorganizar el armario y guardar la ropa de verano de forma adecuada para que no se estropee. La limpieza previa es fundamental, ya que restos de sudor, productos cosméticos o polvo ambiental pueden interactuar con los tejidos durante meses si no se eliminan a tiempo. Es importante evitar el uso de suavizantes con perfumes intensos o productos químicos que puedan dejar residuos en la tela. El secado completo es fundamental para evitar la proliferación de moho durante el almacenamiento. Las prendas deben plegarse cuidadosamente y evitar el uso de bolsas de plástico completamente cerradas. Las bolsas de tela o cajas de cartón con ventilación son preferibles. El lugar de almacenamiento también es importante, debe ser oscuro, seco y alejado de fuentes de calor o humedad. Se deben evitar sótanos sin ventilación o espacios donde puedan producirse cambios bruscos de temperatura. La protección contra plagas, como polillas, es importante, y se pueden utilizar elementos naturales con efecto repelente, como saquitos de lavanda o virutas de cedro. El calzado de verano debe limpiarse cuidadosamente y almacenarse en cajas individuales o bolsas de tela para conservar su forma y protegerlo del polvo.